jueves, 7 de agosto de 2014

Vacío con silueta tri-vocal

Cada mañana él, sin importar cuantas horas hubiese logrado dormir o que sueños le hubieran atormentado, abría los ojos con la misma sensación. Su mente como en stand by, el cuerpo reacio a funcionar y su alma encerrada tras sus ojos como si se tratase de un acompañante, que simplemente observa a través del parabrisas.
Desde que ESA canción le hace despertar, segundo a segundo observa el reloj buscando una razón para moverse de entre las sabanas y comenzar el día. Solo atina a mirar su foto en el monitor, que le da una falsa sensación de que ella se encuentra ahí junto a el aun, pero ya no hay buenos días ni palabras al despertar, ya no está el recuerdo de su voz al otro lado del teléfono mientras iba quedando dormido. Todo era un gran vacío, moviéndose por la inercia de no poder seguir durmiendo, inconsciente y ajeno al mundo real; así como si de un juguete a baterías casi sin carga, pasaba de su cuarto al baño, mirarse al espejo como si hasta el mas simple acto cotidiano necesitara una meditación antes de pasar, lavarse la cara, cepillarse los dientes, volver a su cuarto a decidir que ponerse, guardar la comida en su mochila, y salir. Cada acto sin continuidad, mirando el reloj preguntándose cuanto iba a costar pasar el día para llegar de nuevo a encerrarse en su cuarto a esperar que en algún momento el sueño le venciera.
Salir caminando como sin prisa, sin darle importancia al llegar a tiempo a la parada de autobús, mirando la pantalla de su celular como esperando uno de esos mensajes que ayudaban a comenzar el día. Todo un viaje en esa hora previa a comenzar la actividad, intentando encontrar que escuchar, algo que le llene o simplemente no le haga pensar en ella, todo en vano.
Al bajar del autobús, encendiendo un cigarrillo para al menos sentir como algo dentro de el se movía, al menos sentir una especie del calor al exhalar, caminaba esa larga cuadra concientizandose de como ocultar su estado para lograr el cometido, de terminar lo más rápido esa jornada que recién comienza. Ya en su actividad no deja por reflejo de revisar si tiene señal o si esta en sonido, el único medio que le podría hacer llegar una señal de vida de aquella que dejó un vació con su silueta perfecta, donde nada mas encajaba. El día allí encerrado no terminaba mas, y las ocho horas parecían semanas, si no meses enteros hasta el momento de partir.
La caminata era otra vez silenciosa y pensativa, como si cada pierna esperara que en un acto de coordinación la mente le ordenara actuar. Llegar al bullicio de la terminal, donde un millón de veces la supo acompañar e ir a buscar, y buscar involuntariamente entre las caras esos ojos alegres de verlo, o esa sonrisa de niña ilusionada que desde lejos le sonsacaba una sonrisa; sin resultado mas que una espera eterna hasta subir al autobús nuevamente, donde un viaje lúgubre e interminable, le invitaba a ver la oscuridad de la noche por la ventana pensando en que charla podrían estar teniendo en ese mismo instante.
Otra vez el humo del cigarro se convierte en lo único que siente por dentro, mientras camina hacia su hogar, deteniéndose en la puerta, observando cuanto movimiento hay. La llave va haciendo ruido al girar, y ya hasta su perra lo saluda no alegre saltando sobre el, si no con ojos grandes y cabeza gacha, acercándose como siendo capaz de percibir tanta tristeza en su amigo de dos patas. Al entrar saluda en su hogar cabizbajo, excusándose como si el trabajo por exigente, hubiera arrebatado sus fuerzas y se apresura a encerrarse en su cuarto, donde la vuelve a ver allí, al costado de su cama sonriente como antes; le habla un poco y le cuenta alguna cosa buena que le haya podido pasar, se desviste y se acuesta a escuchar las canciones que eran de ellos y lee sus cartas, las promesas de que eso nunca iba a terminar. Pasa a ver cada foto que le hace recordar los años felices, y recuesta su cabeza a llorar, de tristeza, por la culpa; rezando quedar dormido y terminar ese día, sin lograr llenar el vacío que lo devora día a día.

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