Caminando rumbos mas allá de los que conocía, con la mirada al piso, di cuentas que ando en los zapatos de un hombre muerto. El rastro sigue hasta mis huellas, y el asesino esta atrapado en mi muñeca, blandiendo sus espadas sin perder segundo. Cargo con su cartera y su registro, no llevo ni su nombre ni su risa. Pasando desapercibido mientras lo suplanto, ando por la orilla, evadiendo a los demás que caminan. Uniéndome con todo aquello contra lo que no puedo, casi sin dejar mi aliento en un espejo. Perseguido por el eco de visiones que atormentaron al sujeto, camino paso a paso, aun con nada resuelto.
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