Hoy no pude con el día, había algo desde que me desperté que me pesaba; y como de costumbre solo me exigía y me apaleaba sin moverme para quitármelo de encima. Me repetí un par de veces que esta bien a veces no poder, y que no tengo que recriminarme y castigarme por no ser constantemente un 10 en lo que hago, y ahí en ese bajón, fue cuando mas extrañe la pesadez e insistencia del maullido mudo o el constante y molesto de la Merme y el Negro; el contacto de las manos con el pelo y el ronroneo que vibra y resuena calmándome adentro, el calor que emanan cuando se acuestan en uno, y esa liberación que dan con amor gatuno.
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