Éste último verano
llevó las vacaciones a su fin,
lo que
sobrevivió a la aventura
fue empacado para volver a casa.
Todo en orden antes de partir,
con fotos que son apenas
un vestigio de lo que hubo para vivir.
El otoño nos tiñó de sepia
y preparo el sepelio de una historia,
que tardó en perder su ardor
lo que duró la voz en la memoria.
Con las reservas en la mira
poco a poco adentrarse en la cueva
encontrando refugio arrollado en la vereda.
Llegó el invierno congelante
adormeciendo los sentidos,
arrebatando sueños fallidos
escarchando el aprendizaje.
Proyectando el deshielo de una vida pusada
una idea pedalea entre vientos de cambio
generando calor con cada patada.
La primavera ansiosa
regaló un cálido trago de vino,
antes de llegar con su fiesta
trajo la promesa de un nuevo destino.
Flores nuevas por nacer y frutos que, esperan darte de comer
cuando el ciclo de la vida empiece otra vez.
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