lunes, 5 de febrero de 2024

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 El tiempo, relativo cómo es, 

se escurre entre los dedos como fina arena;

dos años parece a veces demasiado, 

y a veces, parece haber sido apenas ayer.

Cada segundo cuenta, 

sesenta y dos millones setenta y dos mil;

a veces sin notarlo, en la inercia del día a día.

Veinticuatro meses de lunas nuevas y llenas,

que subieron y bajaron mareas al nivel de la nariz;

sorteando el destino entra la costa y la deriva,

devolviendo a tierra firme lo que resta del naufragio.

Diecisiete mil quinientas veinte horas de actividad,

 que llevaron paso a paso en el camino, aquel resto de identidad;

por descomposición y reciclaje, fermento y conservante,

al estado necesario de confianza en el proceso,

de haber logrado con el tiempo, aprender a caerse y volverse a parar.

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