Si, hola. Yo otra vez...
No me hacía falta supongo, nada estaba tan mal, ni tan bien. O tal vez me pareció que era un poco tonto ya, golpear los ceros y unos con palabras que llegan a ningún lugar, ahí flotando por tantos lados.
Quizás la falta de una exagerada pena desgarradora, o el nervio codificador de alegría medio dormido; quizás haberme amanzado para servir, vine consciente a esta prisión interior. Una prisión de éticas y moralidades en las que hay que sonreír, resignado a aceptar esas dosis de veneno, para ser un buen producto como los demás, resistiendo en el último bastión de la cordura donde espero seguir manteniendo a resguardo la caja de Pandora, por el bien de los demás.
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